Los hábitos que Warhol, Dalí y 7 artistas más practicaban a diario
Publicado el: 21/06/19


Cuando se trata del arte encontrar la inspiración puede ser difícil, será por ello que la mayoría de los grandes artistas suelen tener rutinas establecidas y a veces, sumamente estrictas, que les permiten crear sin interrupciones. Mason Currey recopiló en el libro 
Daily Rituals: How Artists Work —Rituales diarios: Cómo trabajan los artistas— decenas de rutinas de todo tipo de artistas, desde los pintores como los de esta lista, así como cineastas y escritores. Éstas son las recetas que utilizaron algunos genios creativos para encontrar inspiración y dejar fluir su talento:

Francis Bacon


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Además de su arte abstracto, Bacon es reconocido por ser un artista que gustaba de la fiesta y la bebida. A pesar de pasar casi todas las noches de un club a otro, siempre solía despertar a primera hora de la mañana y trabajar hasta el mediodía. De hecho, el artista alguna vez comentó que le gustaba trabajar con resaca, pues su mente tenía mucha energía y podía pensar claramente.


Además de su despertar y la fiesta, Bacon también tenía por costumbre acudir a almorzar a algún restaurante, donde hacía comidas abundantes, por supuesto antes de ir a un pub o invitar a gente a su casa.

Henri de Toulouse-Lautrec


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Lautrec era un hombre que trabajaba mejor en la noche, en especial cuando se trataba de retratar el mundo de los cabarets y burdeles. Él acostumbraba beber constantemente y dormir muy poco, pero también solía despertar temprano para imprimir sus fotografías, desayunar y volver a tomar. Cada tarde tomaba una siesta antes de comenzar a pintar. Finalmente su noche volvía a consistir de beber y realizar bocetos de los cabarets.

Henri Matisse


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La rutina de Matisse era bastante estricta: siempre trabajaba de las 9 a las 12 de la mañana. Posteriormente almorzaba, tomaba una siesta y a las 2 de la tarde volvía a pintar hasta entrada la noche. Esto ocurría toda la semana. Incluso se cuenta cómo debía convencer a sus modelos y pagarles doble para que acudieran en domingo.

Joan Miró


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Así como Matisse, Miró era bastante estricto con su rutina, debido a que no le gustaba que lo distrajeran durante sus horas de trabajo. Asimismo, apuntan a que el surrealista catalán llevaba tal agenda para evitar caer en depresión. Su rutina involucraba boxear, saltar la cuerda y hacer gimnasia sueca, correr en la playa y nadar, dependiendo de la ciudad en la que se encontrara. Siempre despertaba a las 6 am, se bañaba, desayunaba y entraba al estudio hasta el medio día. Entonces ejercitaba alrededor de una hora, volvía a comer, bebía café y se fumaba tres cigarros exactos. Posteriormente practicaba yoga y se tomaba una siesta de 5 minutos, todo antes de recibir a visitas o lidiar con asuntos de negocios. Su tarde terminaba con varias horas en el estudio hasta la cena y la noche la ocupaba leyendo o escuchando música.

Vincent van Gogh


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En una carta de 1888, van Gogh escribió que trabajó desde las 7 de la mañana hasta la tarde, sólo deteniéndose para alimentarse rápidamente. Al parecer, esas rachas de inspiración eran una costumbre en el holandés, llevándolo a trabajar sin parar por horas, sin que mostrara muchos signos de fatiga.

Georgia O’Keeffe


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O’Keeffe era una persona que gustaba de las mañanas. Solía despertarse para ver el amanecer y aprovechaba que no había gente alrededor para poder trabajar. Primero tomaba una caminata de media hora, desayunaba a las 7 am y comenzaba a pintar el resto del día, con un único descanso a medio día.

Andy Warhol


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¿POR QUÉ HAY QUE EDUCAR EN ARTE Y CULTURA?
Publicado el: 11/06/19

Aún al día de hoy, encarando el final de la segunda década del siglo XXI, la necesidad de educar en arte y cultura sigue siendo un tema de debate que está sobre la mesa. Comúnmente se piensa que la cultura, a cuya creación contribuimos todos, surge por generación espontánea y no necesita de mantenimiento o atención. Pero muy al contrario, la cultura como fenómeno social, y el arte, como una de sus manifestaciones tangibles más concretas, requiere de la aportación de todos. Solo cobra verdadero sentido cuando se produce un intercambio consciente entre el legado histórico e identitario que la cultura transmite y los nuevos usos y significados de valor que las modernas sociedades le atribuyen. Bien entendida, la cultura no necesita muchos recurso para que se desarrolle, ya que, como fenómeno social que es, surgirá y crecerá allí donde haya individuos. Pero lo que sí es necesario hacer es “educar” en la importancia y puesta en valor que la cultura tiene per se, porque sin esta labor educativa se produce un destrozo del pasado, una depreciación del acervo creado durante siglos y una pérdida de los referentes inmediatos que dotan de sentido a nuestras propia sociedad contemporánea.






Imagen de Educathyssen


Lejos de lo que pudiera pensarse, educar en arte y cultura es mucho más que instruir en historia y técnicas artísticas. El arte es una manifestación expresiva que surge en un contexto concreto, y, como tal, transmite gran parte de los elementos que determinan la cultura de ese tiempo y ese lugar. Difícil sería pensar que los creadores renacentistas reflejasen en sus obras la preocupación por el cambio climático, como sí sucede en la actualidad, o que los autores de nueva generación plasmen con el mismo afán las escenas religiosas que fueron el leit motiv por excelencia de la pintura de antaño. Por eso mismo, dar cabida al arte y la cultura en las aulas es canalizar un conocimiento colectivo labrado a lo largo de los siglos y que constituye el mejor vestigio de nuestra identidad como individuos pertenecientes a un contexto particular.


La Unesco ha señalado que el dominio de la cultura y las artes es fundamental para el desarrollo de las personas. Por este mismo motivo, incentiva a diseñar programas educativos que incorporen estas ramas del conocimiento. Los beneficios son diversos: la educación en arte propicia el pensamiento alternativo y la búsqueda de soluciones creativas a los problemas, favorece cualidades como la tolerancia y la sensibilidad, ayuda a que se aprecie la diversidad y se abra un diálogo intercultural, además de desarrollar otras habilidades intelectuales y creativas del individuo.








«Cada niño es un artista. El problema es cómo seguir siendo un artista una vez que hemos crecido»


Pablo Picasso


¿Por qué el arte se sigue viendo como algo reservado para unos pocos? Del mismo modo que otras disciplinas igualmente necesarias para el desarrollo, como las actividades deportivas, asociadas a valores colaborativos y a la psicomotricidad, el arte y la cultura requieren la misma atención. En los últimos años varias voces han puesto de manifiesto los beneficios asociados a la formación en arte desde edades tempranas. Más que una cuestión de convenciencia, es, en realidad, un contenido esencial para el desarrollo que acompañará al individuo en las distintas etapas de la vida. Conceptos de absoluta actualidad y tan demandados en el mundo empresarial moderno como la creatividad, la imaginación o la innovación tienen su base en los estímulos inculcados desde pequeños. Hoy día, la inteligencia y el aprovechamiento de las cualidades no se ciñe exclusivamente a ser hábil con el lenguaje y las matemáticas. El fomento del pensamiento alternativo y la solución de problemas ingeniosas, con sus conocidas aplicaciones en el mundo del emprendimiento, están intimamente asociadas a la formación en arte.







Imagen de educathyssen


Numerosos estudios plantean un cambio de enfoque al incorporar las artes en la educación. Los beneficios son innumerables y alteran los esquemas preconcebidos y heredados aún hoy sobre la permanente búsqueda de la exactitud en los resultados, propia de materias como las matemáticas. La naturaleza impredecible de la creación artística ayuda a desarrollar el pensamiento crítico y a generar vías alternativas de raciocinio. Las nociones de correcto e incorrecto se difuminan y se da cabida a vías de expresión que favorecen nuevas estructuras de discurso lógico. No existe una forma única de inteligencia, y es evidente que la integración del arte y la cultura en el proceso de aprendizaje es necesaria. Esperemos que esta paulatina toma de conciencia se traduzca en la incorporación de nuevas herramientas y recursos educativos desde la infancia. Solo es posible amar y entender aquello que se conoce.


Las mejores 9 obras de Rufino Tamayo
Publicado el: 09/05/19

Rufino Tamayo vivió por y para el arte: más de mil óleos, 452 obras gráficas, 358 dibujos, 21 murales, 20 esculturas, un vitral.


Una vida que pasó a la gloria como uno de los artistas mexicanos más importantes en la historia del país. Al contrario de los muralistas mexicanos de su época, que transmitían mensajes políticos en sus obras, Tamayo prefirió centrarse en escenas del México tradicional, real y prescindir de las posturas políticas para darle voz al pueblo mexicano de una manera mucho más natural. «Soy muy mexicano, no tiene remedio. En donde he estado, lo que me alimenta es México», dijo para expresar su evidente compromiso con su país, lo cual es notorio en el espíritu de su arte.


Sin embargo, también es evidente que Tamayo jamás puso su plástica al servicio de interés alguno más que el simple hecho de crear, expresar y trascender con lo que hizo, más allá de pensamientos políticos o sociales. Como él mismo diría: «¡Pobre del arte si está comprometido! Si está al servicio de otras cosas, ya no tiene su calidad principal».


A continuación conoce las obras que han hecho que Rufino Tamayo haya pasado a la historia como uno de los referentes del arte realizado en México para el mundo.



“El hombre ante el infinito” (1950)


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Tamayo siempre se sintió fuertemente atraído por el misterio de las galaxias, los planetas, las estrellas y la ciencia cósmica en general. La pintura es una especie de universo propio que se rige bajo sus leyes y que se alimenta de la imaginación del pintor que, a su vez, es otra especie de galaxia llena de infinitos misterios. Tamayo lo comprendió muy bien y plasmó dicho sentimiento en esta obra que brilla por la evidente fascinación del hombre por descubrir lo que se aloja en la inmensidad del mar estelar.


“Tres personajes” (1970)


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Esta obra está considerada como uno de los máximos ejemplos de la etapa de mayor madurez artística de Tamayo. Representa a un hombre, una mujer y una figura andrógina de aspecto impreciso. Este cuadro tiene una particular historia detrás: fue robado en 1987 y hallada hasta 2003 en un contenedor de basura por la ciudadana neoyorquina Elizabeth Gibson.

“La gran galaxia” (1978)


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El protagonista de esta obra, que observa las galaxias con profunda admiración desde algún lugar de la Tierra, es muestra palpable de la posición que para Tamayo ocupaba el hombre en el plano del Universo: un ser diminuto, en perpetua incógnita sobre lo que hay más allá de las estrellas. En esta obra se hace evidente la mezcla entre el arte precolombino que tanto fascinó a su autor con las corrientes europeas de vanguardia.


“Retrato de Olga” (1964)


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Olga Flores Rivas se convirtió en la mujer de Tamayo en 1934. A partir de ese momento, ella aparecería de manera constante en varias de las obras del artista oaxaqueño, convirtiéndose en su musa. Gracias a sus habilidades en los negocios y en las relaciones públicas, ayudó a su marido a impulsar su carrera en el plano internacional. Esta pintura fue un regalo de Tamayo a Olga en su aniversario número 30.


“El Universo” (1982)


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El vitral de Tamayo está ubicado en el Planetario Alfa, en Monterrey, Nuevo León. Se realizó para conmemorar el décimo aniversario de este sitio. Se trata de una pieza de 7.5 m de ancho x 8.30 m de alto que se hizo para representar la bóveda celeste, una de las obsesiones de Tamayo que, como ya hemos visto, reflejó en gran parte de su obra. Está hecha por completo de vidrio y tiene un peso de 10 toneladas. A principios de 2017, el Planetario Alfa sufrió un incendio del que, por fortuna, logró salir sin daños considerables este vitral de Tamayo.


“Niños jugando con fuego” (1947)


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Rufino Tamayo siempre estuvo convencido de que la Revolución Mexicana trajo más dolor a los mexicanos que justicia o liberación. Este sentimiento queda impreso en la presente obra, en la que dos niños se incendian por el fuego generado por ellos mismos. Es una alusión al futuro que les esperaría a las generaciones que heredarían las penas de un país, hasta la fecha, devastado por la impunidad, la corrupción y el oportunismo de las clases dominantes. Las tendencias expresionistas son bastante visibles en esta obra.



“Dualidad” (1964)


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Este impresionante mural está alojado en el Museo Nacional de Antropología, en el vestíbulo Jaime Torres Bodet. Inspirado en la cosmogonía náhuatl, Tamayo plasma en esta obra las dualidades de la lucha entre el bien y el mal, la luz contra la oscuridad, la bondad frente al odio. Es un cruento enfrentamiento entre el Dios Quetzalcóatl –representado por la serpiente turquesa de la izquierda-, y el Dios Tezcatlipoca –representado por el furioso jaguar de la derecha. Las tonalidades contrarias, rosado contra azul, son el día y la noche.


“Fraternidad o el Fuego creador” (1968)


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El 29 de octubre de 1971, Rufino Tamayo y su esposa donaron en nombre del pueblo mexicano, el mural “Fraternidad o el Fuego creador” a la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. La idea del mural es representar la unión de los pueblos de la Tierra (las figuras humanas tomadas de la mano) y el fuego en el centro es el símbolo del amor que idealmente debería ser el motor de las decisiones del mundo y la política. Representa una enorme muestra visual y espiritual de la fuerza del alma humana para modificar los grandes problemas a los que la humanidad se enfrenta a diario.


“Animales“ (1941)


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Esta furiosa obra representa, para ojos de varios expertos, el mundo convulsionado por la violencia y las múltiples muertes durante la Segunda Guerra Mundial. Los lobos son la guerra, el odio que azotaba al mundo en aquel periodo; el rojo en su parte baja es la sangre que se derramaba a raudales en los campos de batalla, y los huesos en la parte inferior, los miles de soldados muertos que daban su vida por defender a su nación.


Si te dedicas a la pintura en específico o al arte en general, Rufino Tamayo tiene para ti valiosos consejos que te serán muy útiles para tu obra. Conoce en este espacio cuál es el legado cultural del artista nacido en Oaxaca.